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Wednesday, March 26, 2014

La economía es un churro


No se si me gusta el caviar. Ya se que hay a quien le gusta comérselo a paletás, pero nunca he tenido la ocasión de catarlo, cosas de ser mileurista/inframileurista, un status que sin duda a tipos como Isak Andik o Juan Rosell les parece una vida de un lujo insultante más propia de un sátrapa oriental que de un currito como Dios manda. No sé si ellos han probado alguna vez el caviar beluga pero tengo la ligera intuición de que puede ser que si.

Sin embargo, no haber probado el caviar no me altera el ánimo, ya que, si he de fiarme de la descripción de Ivá, no me estoy perdiendo nada del otro mundo: en una historieta en la que Makinavaja se cuela en una fiesta de ringo rango, su colega Popeye, tras probar una tosta con huevas de esturión, ofrece disgustado el siguiente veredicto, "¡Esto sabe a chichi de puta mal lavao!", tras lo cual, una se queda feliz y contenta de ser una chica humilde de las de bocata de sardinas.

Lo que no quiere decir que una no tenga sensibilidad gastronómica, que la tengo: a mí, por ejemplo, me gustan los churros, pero mucho. Aunque sea una cosa nada recomendada por médicos y dietistas, es una delicia apta para todos los públicos y que esperemos que no sean exageradamente deconstruidos por la modernidad gastronómica (Mientras no los toque Ferran Adrià, mes amis et amies, podemos estar seguros de ello). Pues eso, que me gustan los churros y las porras (las de comer, no estas) y que de tanto en tanto me doy el gusto de desayunármelos.

Pues bien, en una de estas ocasiones estuve charlando con mi churrera de cabecera sobre la crisis. Ya saben que esta crisis la tenemos porque los pobres hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y tal, o al menos eso nos aseguran, un día si y al otro también, la oligarquía económica y sus esbirros como si fueran un disco rayado. La churrera tomó el negocio de una pareja que se jubilaba y además de seguir haciendo churros y porras, ha renovado el local, ha puesto terraza y ha ampliado la carta, ofreciendo también crêpes. El caso es que base de mucho trabajo ha mantenido el local a flote en estos años: Hablando sobre la crisis, ella me explica que claro que la ha notado en los últimos años, que hasta una cosa tan modesta como el churro pasa a ser un pequeño lujo y que la gente ya no compra los fines de semana como solía.

Entonces, se me acerca para hacerme una confidencia: "mira, te podría hablar de unos clientes que...", se para y baja la voz "... Una familia que eran clientes míos, antes de la crisis, venían todos los domingos a comprar un paquete de churros para almorzar con sus hijos", pausa, mira que no va a entrar nadie en ese momento y prosigue: "Al llegar la crisis dejé de verlos hasta que un día... Hasta que un día vi a los padres buscando comida en un contenedor" me confiesa con tristeza.

Ahora háganse un mapa de la situación: la gente, que es derrochona, va comprando churros por encima de sus posibilidades y claro, por su culpa la economía se va al carajo.

No estamos en crisis porque alguien dijo en su momento que este era el país europeo donde era mas fácil hacerse rico y para demostrarlo desahució la industria de tipo productivo para crear una economía de base financiero-especulativa sólo apta para tiburones.

No estamos en crisis porque alguien dijo que iba a liberalizar la economía para que el libre mercado hiciera fluir la riqueza, y por ello entendió que le tenía que regalar las empresas a antiguos compañeros de pupitre (y ya pueden imaginarse hacia qué bolsillos fue a fluir la riqueza).

La crisis no viene de ahí, no señor, aunque haya gente que le enseñe la alpargata a los arquitectos del pelotazo, a donde vamos a parar, ya tienen razón nuestros próceres y sus voceros de la prensa de decir que eso de enseñar la alpargata a la gente es de muy mal tono, lo que hacen las personas educadas y finas es estafarle a la gente sus ahorros de toda la vida. Posíblemente, estos ahorradores estafados serían más maleducados que el diputado Fernández, y de tener al estafador ante sus narices, no le enseñarían la alpargata sino que se la incrustarían por algún orificio corporal (Pista: no sería por la Trompa de Eustaquio) para acto seguido embrearlo, emplumarlo y expulsarlo con gran jolgorio del término municipal. Gente bárbara y sin modales, ya les digo. No, hay que ser cortés con estos caballeros estafadores: lo que hay que hacer es darles luna segunda oportunidad para que sigan esquilmando a incautos.

Que estamos en crisis porque la gente se compraba churros los domingos...¡Acabáramos!

Sunday, August 29, 2010

Real Urban Chic, tout court



Una de mis teorías es que el tuneo (tanto de cuerpos, como de objetos o como de cuerpos-objeto) es un heraldo inequivoco de las crisis del copón.

Yo es que estos últimos años me iba fijando en los utilitarios de los quiyos maqueados como Ferraris o bólidos de fórmula uno, o la proliferación de clínicas de estética, o el creciente aputonamiento de criaturas preadolescentes y me decía a mí misma que eso no podía presagiar nada bueno.

A ver, entiéndanme, que pueden/podemos tener ganas de ir bien arregladitos y hechos un pincel, y de que los objetos que nos rodean luzcan bonitos, pero si me permiten la opinión personal, creo que el quid está en la justa medida y en la justa ocasión.

Piensen, por ejemplo, en todos esos chistes de Maitena sobre mujeres sufriendo por que quieren hacerse un lifting, o porque se lo han hecho (que no se que es peor)... Miren, yo es pensar en esas Minas argentinas de sus chistes tan preocupadas de cómo lucen y acordarme del corralito Argentino... Y a renglón seguido, de nuestro espectacular batacazo Ibérico, claro. Ahora ya no veo tantos anuncios de Corporación Dermoestética como se solía, y avisto mucho cochecillo con alerones con el desesperado cartel de "Se Vende" que su poco ilustrado y joven propietario ha colocado en el parabrisas. Sic transit la burbuja inmobiliaria.

Tampoco me quiero extender por no aburrirles, que bastante tendrán Vds. con sus día a día, y de hecho, este post viene motivado por otro tipo de "tuneo": el que hace apaños la mar de ingeniosos con herramientas modestas. Como el ejemplificado en la foto de arriba.

El dueño del scooter ha sido posiblemente víctima de algún analfabestia que, considerándose un rebelde que tiene el culo verde, o un "hartista hurbano", pues ha rajado vilmente el asiento de la pobre moto... O igual el asiento está hecho con material de poca calidad y por torpes manos de obrero deslocalizado (pero indecentemente más barato para el despreciable empresario deslocalizador).

Con un notable coraje ante la adversidad, el heroico/a dueño/a de la moto se ha puesto manos a la obra y ha reparado el desaguisado, no con una fea -si bien eficaz- cinta de esas con las que se puede atar el morro de un caimán, sino con un colorido hule de los que se usan para resguardar nuestras preciosas mesas formicas de manchotes guarros. No me dirán que no queda bonico y con personalidad, y asequible.

Sunday, February 21, 2010

Quien roba a un ladrón...

Escena de "Atraco a las tres" (1962): Ante la inminencia de ascenso a director de un compañero bastante cabrito, unos probos empleados de banca deciden salir de pobres atracando su propia sucursal.

Aquí los tenemos reunidos por primera vez para planear el golpe, aunque alguno de ellos no está convencido de que sea una buena idea...


Castrillo: ¡Os habeis vuelto locos, parece mentira!


Enriqueta: ¡Señor Castrillo, esto es un negocio como otro cualquiera!

Castrillo: ¿Negocio? ¡Ésto es un robo como la copa un pino!


Galindo: Nosotros somos incapaces de robar a un semejante... ¡Pero un banco no es un semejante!

Martínez: ¡Ahí, ahí!



Galindo: ¿Quien pierde el dinero que se roba en un banco?

Cordero: ¡¡Los clientes, no!!

Galindo: Los accionistas lo descontarán de los beneficios que no declaran...

Cordero: ... ¡Y lo contarán en las pérdidas que declaran!

Enriqueta: ¡Y lo cobrarán al seguro!

Galindo: ¡Y no lo pagarán a Hacienda!

Martínez: ¡Aún van a salir ganando dinero!


¡Ay! Que poco han cambiado las cosas ¿Eh? Pues ya sabeis: quien roba a un ladrón, tiene cien años de perdón...

Sunday, December 28, 2008

Biruji

English abstract: Baby, it's cold inside



El desembre congelat
m'ha gelat la fava
de tant fred que hi he passat
no me la trovaba

(versión sui generis de un tradicional villancico catalán según la cantaban mi padre y sus amigos en sus años mozos)

Este invierno hace más fresquito que en otros inviernos pasados. Y en mi casa más.

Porque este año no pongo la calefacción.

Ya comenté hace varios posts que recientemente mi escaso sueldo se vió liberado de una antigua -y onerosa- carga. pero el problema es que ahora tengo que hacerme cargo de un nuevo gasto extra impuesto por agentes externos: la mega-derrama del ascensor.

Aquí me teneis pues haciendo horas extras, trabajando en fines de semana y turnos de noche (mira que simplemente podría haber dicho que no, viviendo como vivo en la parte baja del edificio) intentando apurar al máximo mi micro-sueldo de obrera altamente especializada (ese especimen que los empresarios dicen desear, pero que pagan peor que a la mierda)

He reducido hasta la mínima expresión los gastos culturales: mi lista de libros, películas y tebeos pendientes de comprar/ver/leer crece en proporción geométrica... y aún gracias a que, aparte de eso, no tengo apenas vicios. Pero aún así, y como no me da la pastelera gana de pedir otro p*t* crédito cómo el que me quité de encima, pues opto por apretarme el cinturón un bujerito más.

Se puede ahorrar siendo pobre? Poco, pero sí. Algún día dedicaré un post a esa crisis de lo que ahora se habla tanto, que tal vez para los p*t*s ricos de m**rd* sea una circunstancia ocasional, pero que para los pobres es, ni más ni mangas, que nuestro modus vivendi: porque los pobres, señoras y señores, siempre estamos en crisis.


San Wilfrid Robarts bendito,/patrón del elevador,/ haz que me quite d'encima/el gasto del ascensor

Una de las soluciones por las que he optado (porque renunciar a mis tres grapas mensuales es inaceptable) es la de prescindir de poner la calefacción. Cuesta al principio, pero en cuanto te acostumbras a andar con forros polares, prendas de lana y mantitas por casa, ya es otra cosa. En los días que hace solecico suelo salir un rato a la calle y pasear por la acera soleada, en la que estoy mucho más calentita que si me quedara en casa. He de aclarar que en mi piso bajo en interior de manzana, en invierno don Lorenzo no viene ni a dar los buenos días, con lo que al frio ambiental se le añade la falta de elementos que puedan aumentar la temperatura.

El único rincón de mi casa donde se planta cara a la gelidez del resto de habitaciones es el lavabo, pero ya os hareis cargo que ese es el sancta sactorum de cualquier hogar, esa plácida biblioteca en la que además realizamos abluciones diversas. Un pequeño calefactor de aire caliente convierte la estancia en un refugio temporal de mi ártica existencia.

Mi ilusión es que si este plan tacita-a-tacita de café con hielo funciona, este verano podré cantar victoria y liquidar el asunto del elevador, para meterme de cabeza en la próxima derrama que mis adorables vecinos me tienen preparada: la del arreglo de la fachada y la escaleraaaa!! Joder, se me van a ir todos mis ahorros de los próximos años en las p*t*s derramas... ¡no hay derecho! (Gracias a Diso, pues por la Mula Francis y el Tutubo, que parchean mis necesidades culturales)
 
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