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Saturday, February 21, 2015

El Gran Hombre nos visita


Mis conocidos me consideran una persona razonablemente normal, pero lo cierto es que un análisis conductológico certero diría que lo que soy en realidad es alguien con el poder mutante de aparentar en sociedad un nivel aceptable de salud mental. Añadiría que, pese a haber afirmado en alguna entrada anterior que soy en general buena persona hasta la tontería, algún que otro desliz de perfidia he cometido en mi vida. Por ejemplo, aquella vez que me colé en un evento lleno de prebostes al que no había sido invitada: Si, amigos míos, una vez fui una vil gorrona.

Hace ya unos cuantos años trabajaba como maquetista/grafista/chica-para-todo en una revista de prensa comarcal. Siguiendo un formato muy de moda entonces, la publicación iba trufada de los anuncios que la costeaban, salpimentados con alguna que otra noticia de ámbito local para disimular. A unas semanas del inicio de campaña de unas elecciones generales, uno de los periodistas que trabajaba conmigo recibió un fax notificando que un altísimo cargo gubernamental venía a visitar la comarca. No porque se acercaran las elecciones, no vayan a pensar mal, sino porque los miembros del gobierno gustan, de tanto en tanto, de abandonar sus sedes capitalinas y airearse un poco inaugurando cosas por los sitios.

A mi compañero le pareció interesante salirse de la típica noticia de pueblo, pero mi jefe le prohibió tajantemente asistir: el acto público del magno visitante coincidía con una presentación del ayuntamiento que para él era más relevante “en esta revista, muchacho, los anuncios me los ponen los alcaldes”[1]; a renglón seguido también le prohibió asistir al evento posterior, pese a que éste ya no coincidía con acto municipal ninguno: esto segundo ya me pareció a mí una táctica gorilera de mi jefe para humillar a un subordinado y asertar su posición como macho alfa de la empresa, práctica bastante enraizada en la península ibérica entre muchos empresarios que la entienden como "demostración de liderazgo”.

El caso es que tal situación me dió bastante rabia y de ahí me surgió una idea: le propuse al periodista asistir yo al acto (fuera de horas de trabajo y sin conocimiento del jefe), registrarlo, y pasarle el material al día siguiente para que pudiera escribir sobre algo más que no fueran las inauguraciones del señor corregidor que tanto ponían a nuestro patrón desde el punto de vista informativo. La idea era que tras unas horas se le habría pasado la tontuna al jefe y ya no tenía inconveniente en permitir a mi compañero lucirse en la redacción de una noticia más allá de la sosa crónica comarcal. He de confesar que también me impulsaba la curiosidad y, porqué no admitirlo, cierto anhelo de aventura: iba a tener la oportunidad de observar al natural y en directo a un prócer de esos que normalmente sólo ves por la tele, y en tanto que representante de la autoridad, pues también estaba el morbillo añadido de poder atravesar, por una vez, un círculo de adustos escoltas que normalmente no permiten el paso a los ciudadanos de a pie. Iba a sentirme como una sujeta peligrosa por un día, sip… ¡ojocuidiao conmigo!

Tras una intensa micromaratón destinada a gestionar el préstamo de una cámara y un cassete con grabadora, me encaminé a mi destino en transporte público, que en aquella zona no era (sigue sin ser) particularmente bueno, así que llegué tarde al acto pero no a la intervención estelar: Los Dioses, en su sabiduría, pusieron a las personalidades locales a hacer las tediosas intervenciones previas y me evitaron los minutos de plomo. Lo primero que me sorprendió fue lo desangelado del mitin: Los asistentes (corresponsales incluidos) no llegaban al centenar en una plaza dura que apenas había dejado de ser descampado, rodeada de edificios en construcción, promociones de extrarradio ideadas para quienes ya entonces huían de los exagerados precios de los pisos de la capital[2]. La concurrencia no plumífera era tirando a madura cuando no de una tercera edad francamente jubilada. El señor alcalde presentó al Gran Hombre y éste empezó a pronunciar su discurso.

El público en general estaba razonablemente amaestrado: escuchaba educadamente y aplaudía en los puntos adecuados. Destacaba entre los asistentes una señora mayor teñida de morena (algo que suele dar a las señoras mayores apariencia de tener más edad si cabe), que iba lanzándo piropos y claveles con entusiasmo feroz, interrumpiendo la arenga del ilustre invitado. Uno de los claveles fue a darle al ministro en plena cocorota y, en un sorprendente alarde de contención, éste se limito a parpadear levemente sin interrumpir su disertación, soportando estoicamente el fuego amigo de la jubilada.

Me llamó la atención que un visitante de su categoría se batiera el cobre pre-electoral en un lugar tan humilde, y más cuando me costaría imaginarme a compañeros de gabinete haciendo entonces un bolo similar en un lugar que no fuera un teatro de la ópera o un megapabellón deportivo de una de las principales capitales del estado; pero allá estaba él, en aquel lugar dejado de la mano de Dios: tal vez porque su carrera política se había forjado a base de muchos mítines en lugares similares, a fuerza de patear calles y echarle muchos kilómetros. También me resultó notable su derroche oratorio: su alocución superó la hora larga cuando habría quedado como un señor con poco más de quince minutos, y de paso habría eludido buena parte de la descarga artillera de Caryophyllaceae por parte de la abuela. Para ser sincera, creo que su argumentación no se hubiera resentido de durar, digamos, un poquitín menos.

Era un orador a la antigua, sin chuleta, recitando de memoria datos y números para dejar bien claro que en su opinión, la gestión del Gobierno era claramente positiva y merecía renovar la confianza del electorado cuando en breve plazo se colocaran las urnas, blah, blah… A nivel gestual, sorprendentemente, no caía en aspavientos, sólo de tanto en tanto hacía un gesto como si estuviera moldeando algo, tal vez dando forma a algún concepto recién expresado; otras colocaba las manos como si sostuviera algo a la vista del público: tal vez una urna o quizás la caja que contenía la mangosta imaginaria de Crowley. Agradecí que, al contrario que algunos de sus colegas, no aprovechara aquella asamblea para desempolvar demagógicamente el acento de pueblo o dejar por un día el traje para ir en mangas de camisa y con un pañuelo sustituyendo a la corbata: en vez de eso, vino el Gran Hombre hecho un pincel, que parecía mismamente el Don Draper de la Margen Izquierda. Nada de hablar a voces como un tertulianote o de sacar el repertorio de chistecitos de medio pelo a los que recurren algunos cuando consideran que quienes le escuchan tienen su capacidad cerebral gravemente disminuida.

Curiosamente, no se extendió en reivindicar su espinoso cometido ministerial, sino que su discurso se centró sobre todo a lo conseguido por el gobierno en el ámbito laboral, sanitario y educativo, reivindicando el incremento en la incorporación de las mujeres al trabajo y la universidad, tras lo cual me planteé si su gestión no hubiera sido más productiva de haberse dedicado a ámbitos más cercanos a lo que claramente era su verdadera vocación, pero en fin… Tal vez excediéndose un tanto en su enumeración de los logros gubernamentales, me dejó un tanto pasmada su entusiasta convicción de que habíamos superado en bienestar social a Suecia (cosa que dudaba entonces y aún dudo ahora[3]).

En tanto que leal contribuyente, me sorprendí asintiendo[4] a su defensa de los impuestos que hacían posible todo lo referido anteriormente y afirmó (aquí si) con un punto de chusquedad, y a manera de guiño a ese “espiritu cuñao” con el que, como político, siempre ha conectado de maravilla, que él estaba encantado de pagar muchos impuestos, porque pagar más impuestos, dijo, era señal de que se cobraba un buen sueldo; pensé, “¡Los Dioses te guarden la inocencia!”: si él pagaba religiosamente el IRPF y el IVA, dudo mucho que lo hicieran los grandes empresarios, banqueros y aristocráticas duquesas con los que se codeaba en esas cenas a las que asiste la gente de las altas esferas, más inclinados por tradición y catadura a jugar al escondite con el fisco en su calidad de miembros del club de fans de la Confederación Helvética.

Al acabar el mitin-que-no-era-un-mitin-porque-todavía-no-había-empezado-la-campaña-electoral pensé que ya tocaba volver a casa. No fue así ya que unos periodistas me dijeron que si quería ir con ellos al acto (con cena incluida) reservado a prensa y personalidades autorizadas. Tenían sitio en su coche y, tras un instante de duda, opté por acompañarlos, sospecho, por el mismo impulso idiota que hace que las moscas se den cabezazos contra el cristal, el primigenio instinto de meterse en berenjenales. Cuestiones tipo “¿Cómo me las apañaré para volver sin coche?", o “¡Rayos, por qué voy si no soy periodista!", me incomodaron el viaje, aunque no me atreví a confesar mi impostura a mis gentiles acompañantes.

Al llegar al hotel donde tendría lugar la cena con discurso de guarnición, una parte de mi me decía de dar media vuelta hacia la estación de renfe más cercana, y otra me impelía a entrar: Me sentía como un hobbit perdido en Mordor que acaba de encontrar un buen atajo a la Montaña del Destino. Mi lado timorato optó por apartarse un poco y esperar a que entrara el grueso de la prensa para no llamar la atención si no me dejaban pasar: por toda credencial sólo tenía el fax que le habían enviado a mi compañero y una tarjeta de mi empresa, y pensé que el dispositivo de seguridad, entrenado para hacer un placaje de rugby a cualquier intruso no autorizado, me pondría de patitas en la calle. A la hora de la verdad ni tan sólo me pidieron el DNI y me dejaron pasar tras una perezosa ojeada al fax: Una de dos, o yo tengo habilidades de damisela Jedi, o los chicos de seguridad eran bastante laxos en su cometido. Por suerte para ellos, mi intención más vil era picar alguna croqueta y no tenía otra cosa con la que disparar que no fuera mi réflex viejuna, con la que unos minutos después tomé la única foto medio decente de todo el carrete: en ella, el ilustre invitado mira en mi dirección con aspecto de estar ligeramente escamado, como si sospechara de mis pintas y mi poco profesional y vetusto equipo. 

En esta ocasión y hallándose más, por así decirlo, en familia, el insigne invitado replicó temáticamente y casi (ouch) en extensión su argumentario de la plaza dura. De pie en medio del comedor, nuestro protagonista hilaba su discurso con el gesto relajado de quien sabe que tiene al auditorio en el bolsillo, con esa seguridad que le daban varios lustros de experiencia política en los que había pasado del mitin semiclandestino con jersey raido de costuras reventadas, a la perorata con traje sastre en salas de convenciones de lujosos hoteles. Aquí cambió el anterior registro de sermón didáctico modulándolo a la circunstancia de su nuevo público, lleno de viejos conocidos a los que lanzó varios guiños de complicidad. Yo no tenía duda de que tendría rendidos a sus correligionarios, pero me sorprendió la buena sintonía de los representantes del cuarto poder, entre los que detecté algún que otro comentario por lo bajini de admiración ante su retórica, como cuando un torero hace un buen pase con el capote en la plaza (lo cual me hacía sentir, aún más si cabe, como una sioux infiltrada en el fuerte del séptimo de caballería). 

La mayor brevedad del discurso sin duda debía algo a la inminencia del ágape. Yo me hubiera dado por servida con un simple pica-pica de vernissage de centro cultural de barrio[5], pero los camareros nos sirvieron cosas como una especie de pata de elefante que mis compañeros de mesa identificaron como una pierna de cordero, de la cual mi mala conciencia de asistente clandestina me impedió dar cumplida cuenta. La abundancia de las raciones también me ayudó a comprender por qué es habitual en gente con cargos públicos la tendencia a engordar: por muchos libros que venda Michel Montignac, creo que es francamente complicado adelgazar en comidas de negocios. 

Las calorías fueron aquella noche el menor de mis problemas: estando como estaba allá donde Cristo perdió la alpargata (o lo que es lo mismo, allá donde se fué a morir George Sanders), resolví despedirme temprano para tener alguna opción de transporte público con la que regresar, de otra manera me arriesgaba a tener que volver en taxi (lo cual me resultaría prohibitivo), convertirme en calabaza o peor aún, acabar contagiada del cariño que la concurrencia sentía ante el augusto protagonista de la jornada y, ah no, eso si que no.

El caso es que salí del hotel para perderme entre las sombras de la noche y tal, que además al día siguiente me tocaba madrugar.

A modo de epílogo:
  • Mi jefe siguió oponiéndose a incluir la noticia del evento aún cuando mi compañero periodista le comentó al jefe que un colega (ejem) que asistió al acto le podía pasar documentación para elaborar un artículo sin compromiso. Cabezón de hombre.
  • En cuestión de pocos meses, y cuando todo apuntaba a que el Gran Hombre estaba destinado a ascender al Olimpo de los estadistas, éste pasó a mejor vida, políticamente hablando, a causa de uno de esos traspiés que sólo pueden saldar vía de la asunción de responsabilidades. No vi entonces salir en su defensa a ninguno de los que le agasajaron aquella noche. Fue justamente esa dramática pérdida del favor del público la que me conmovió: soy muy de llevar la contraria y además siempre me han inspirado ternura los pájaros que se caen del nido. (Si es que soy una blanda, coño).

Notas:

[1] : Si los contenidos de una modesta publicación local el contenido los marcan los intereses de los modestos anunciantes de la zona, imagínense que peso no tendrán los anunciantes en los grandes medios del pais.

[2] Hete aquí la tragedia del tramo bajo del Llobregat, una tierra fertilísima para el cultivo ahogada por masas ingentes de hormigón, por desidia de departamentos de planificación urbana y para beneficio de los especuladores del tocho.

[3] Incluso teniendo en cuenta que en Suecia han habido desde entonces algun que otro gobierno conservador, su Estado del Bienestar me sigue dando bastante envidia: No tendrán playa, sangría ni paella, pero ¡Diablos! ¡están planteándose reducir la jornada laboral de 8 a 6 horas!
He de reconocer que en otros aspectos, eso si, no se diferencian tanto de España.

[4] Si, fue un momento terrible, así como “Argh ¿Qué me ha pasado? No le he votado ni le votaré nunca y estoy de acuerdo en esto que acaba de decir”. 

[5] Como podría ser unas papatonas, unas olivicas y botellas de Xibeca.

Monday, December 06, 2010

I ain't noivous, but if you keep asking me I will be!


En la vida hay algunas cosas que me ponen de los nervios.

Una de ellas es la gente alérgica a los clásicos. Y en concreto, al cine clásico... Entiéndanme que lo que me mosquea es que la alergia se origina en el más absoluto desconocimiento. En cuanto a esa gente le pones una buena película delante, muchos suelen perder las manías a todo el cine hecho antes de su fecha de nacimiento. Aunque no siempre es el caso.

Pero lo mosqueante es cuando alguien me alucina con algo que sólo es una pálida imitación actual de algo que en su versión primigenia es muchísimo mejor ¿A manera de ejemplo? Jessica Rabbit.

Tengo en cuenta que "Quien engañó a Roger Rabitt" ya será para muchos una película de lo más viejuna, que hay quien cualquier cosa anterior a diciembre de 2010 ya carece del má mínimo interés. En la secuencia arriba enlazada, la señora Rabbit se pone a cantar luciendo peinado a lo Verónica Lake y curvas a lo Marilyn, y todo el mundo se vuelve loco... Bueno todo el mundo menos yo, ya que la canción tal como está interpretada, es de lo más desangelada, diríase que Jessica la ha sacado de un anuncio de somníferos. Y para añadir insulto a la ofensa, aparece Betty Boop haciendo de comparsa, cuando lo que tendría que hacer la Boop es apartar a Mrs. Rabbit de un culazo diciéndole "¡Sal de ahí, petarda!" y demostrar al respetable lo que es una vamp de verdad.

Pues nada, para los que os penseis que Jessica Rabitt, o cualquier Vamp-illa de tres cuartos de la era moderna es lo más, os paso un enlace para que conozcais a una de las madres del cordero, Mae West, una genuina Vamp como mándan los cánones, gamberra de primera categoría con curvas vertiginosas, neuronas brillantes y réplicas de latigazo (a quien los mediocres guionistas de "Quien engañó a Roger Rabitt" saquean vilmente sin replicar, ni de lejos, su ingenio) (1).



Nota:
1) En serio, creo que la película desaprovecha de una manera brutal una premisa la mar de interesante... Por no hablar de los flojos cameos de cartoons míticos como el ya mencionado de la Boop.

Saturday, May 08, 2010

El sorprendente versionero chufero/The Amazing Tigernut CoverLogue (1)

English abstract: Cover versions worth listening or a Lovecraft song sounds better than a plain love song

Saludos, queridos y queridas,

Cuando era pequeñita era muy cuadrada: si oía una canción, tenía dificultades en aceptar una posterior versión...Claro que una crece y aprende a comer de todo, y eso está bién ya que hay versiones que igualan, si no mejoran, la gracia de la versión primigenia. Hoy voy a poner un caso bastante claro.

Por ejemplo, "Hey There Delilah, de Plain White T's, una canción de amor correctita, pero más tópica que pa' qué



Veamos como la canción mejora sustantivamente con la adición de unas gotitas, no de "love", sino de "Lovecraft", en la versión de la Eben Brooks Band:



Para la letra: click, click

Casi ná... Ponga un Primigenio en su vida y verá

Sunday, May 02, 2010

Cervezas por la paz


Uno de los escasos carteles de la causa que sobrevivieron a la férrea censura del emperador en tiempos de guerra (ver nota final para más detalles)

Vamos a recordar hoy en éste post a un gran hombre cuyo nombre y nobles intenciones quedaron olvidados bajo el fragor de los cañones, un gran hombre cuyos logros casi se perdieron en la tumultuosa historia del siglo XX.

Vamos a hablar hoy Otto Berfest, maestro cervecero tirolés.

Poco sabemos de su figura, oscurecida por los avatares de la historia, apenas unas líneas en los "Anales Austro-Hungaros" de Ludwig G. Verlhang, más unas breves anécdotas fragmentadas transmitidas oralmente de padres a hijos de los cuales es difícil separar los hechos de la leyenda, información suficiente, no obstante, para saber de su revolucionaria iniciativa.

Viajemos al caluroso verano de 1914. Cuando los imperios de Europa, por por quítame allà esos archiduques, se lanzan a masacrarse mutuamente y, cual Abraham no detenido por el fuerte brazo de un ser angélico, ofrecen en holocausto a sus jóvenes hijos. Mientras muchos inconscientes se alistan para ajustar viejas cuentas imaginarias contra sus vecinos de la frontera, Otto Berfest se pregunta si no sería mejor que la vieja Europa resolviera sus diferencias tomándose unas cañitas. Porque, pese a las diferentes variedades que producen las naciones del continente, multitud de europeos gustan de beber cerveza.

Berfest crea entonces una asociación llamada "cervezas por la paz" y empieza a predicar su causa pacifisto-birrera, recorriendo la geografía de los imperios Centrales taberna por taberna, con cierto éxito entre los parroquianos. Como os podeis imaginar, el Kaiser Franz Joseph y sus estamento militar no estaban nada entusiasmados ante esta iniciativa, y nuestro Gandhi del lúpulo es forzado a alistarse y es destinado a un batallón de castigo. A partir de ahí, poco sabemos de él. Está en nuestro conocimiento, gracias a la carta que una una tral Frau Muller escribió a una prima suya, que un recluta bohemio (al que Muller había servido de asistenta) coincidió con Berfest durante unos dias en un calabozo. Pese a su breve encuentro, el bohemio quedo profundamente impresionado por sus conversaciones con Berfest, y dedicaría el resto de su vida a honrar su memoria, mayormente poniéndose tibio de Pilsener un dia sí y al otro también.

El bohemio de marras, siguiendo las enseñanzas del maestro Berfest

Se considera bastante posible que muriera en el frente alpino en algún momento del invierno de 1917-18, aunque hay quien dice que Otto Berfest sobrevivió a la guerra y emigró a los Estados Unidos bajo una nueva identidad. Según una historia transmitida por la família del cabo Beppo Bottazzi, Berfest, durante su estancia en el frente, seguía fabricando una cerveza en las trincheras con un equipo primitivo pero altamente eficiente, y que, de tanto en tanto, Bersaglieri y Kaiserjäger tiroleses, sin conocerlo sus superiores, pactaban treguas puntuales en que las cervezas de Berfest se cambiaban por salami trentino. Corre la leyenda de que en alguna recóndita y helada cueva cerca de una cumbre alpina aún es posible encontrar algunas botellas que Otto Berfest dejó guardadas, y muchos excursionistas intentan cada año encontrar ese tesoro, con la excusa de que van a escalar una aguja o conquistar una cima.

Nota: De hecho el cartel es un poster húngaro de 1914 con la siguiente leyenda: "la cerveza del lúpulo de primavera ya ha llegado: El enemigo se rinde". la historia, como ya habreis supuesto, me la acabo de inventar... :p

Sunday, February 21, 2010

Quien roba a un ladrón...

Escena de "Atraco a las tres" (1962): Ante la inminencia de ascenso a director de un compañero bastante cabrito, unos probos empleados de banca deciden salir de pobres atracando su propia sucursal.

Aquí los tenemos reunidos por primera vez para planear el golpe, aunque alguno de ellos no está convencido de que sea una buena idea...


Castrillo: ¡Os habeis vuelto locos, parece mentira!


Enriqueta: ¡Señor Castrillo, esto es un negocio como otro cualquiera!

Castrillo: ¿Negocio? ¡Ésto es un robo como la copa un pino!


Galindo: Nosotros somos incapaces de robar a un semejante... ¡Pero un banco no es un semejante!

Martínez: ¡Ahí, ahí!



Galindo: ¿Quien pierde el dinero que se roba en un banco?

Cordero: ¡¡Los clientes, no!!

Galindo: Los accionistas lo descontarán de los beneficios que no declaran...

Cordero: ... ¡Y lo contarán en las pérdidas que declaran!

Enriqueta: ¡Y lo cobrarán al seguro!

Galindo: ¡Y no lo pagarán a Hacienda!

Martínez: ¡Aún van a salir ganando dinero!


¡Ay! Que poco han cambiado las cosas ¿Eh? Pues ya sabeis: quien roba a un ladrón, tiene cien años de perdón...

Tuesday, October 21, 2008

Seguridad/Safety

Bilingual post: scroll down for English text

Procédase del siguiente modo en vísperas de un viaje en avión:

- Seleccionar un par de calcetines, no importa si tienen tomates.

- Llevarlos durante varios días, con los mismos zapatos. A ser posible, con unos zapatos que ya hayamos llevado durante varios días (mejor que no sean sandalias). Guardar los calcetines. No lavarlos.

- El día que tengamos que viajar, ponernos esos calcetines, a ser posible con el mismo calzado que utilizáramos para llevarlo durante varios días.

- Cuando el segurata en el aeropuerto nos conmine a descalzarnos, por razones de seguridad, obedezca. Con una enorme sonrisa.

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In the days prior to a plane travel, proceed thusly:

- Select a pair of socks. It doesn't matter if they have holes.

- Wear them for days on end, with the same footwear. This footwear shoudn't be sandals or any other type of open shoes. Then store those socks apart without washing them.

- On the day of our trip, put on those socks, preferably with the same footwear we used with them on the previous days.

- When the security guy at the airport asks us to take our shoes for security reasons, obey. With a big smile.

Tuesday, June 24, 2008

Verbena

Ayer hacía un poco de viento y a mi hermano le costaba encender los petardos con el mechero.

Aquí nos hubiera ido de perlas tener una de aquellas mechas de prender a la vieja usanza, pero no teníamos ninguna a mano.

Como suele decir mi hermana "a falta de palillos, buenos son azucarillos", así que mi hermano cogió una barrita de incienso que andaba por los armarios y que cumplió su función excelentemente. Mi hermano, al prender las mechas con tan aromáticas barritas, lo hacía gritando "Free Tibet, free Tibet", el muy poca-solta.

(Luego me alié con mi sobrina para hacer una guerra de trincheras a base de bombetas contra mi hermano, en plan granaderas a las órdenes del mariscal Jofre "Toma 'mardito' Boche! Por la Alsacia! Vivlafrans!")

Tuesday, February 12, 2008

"El que no tiene que hacer, con el culo mata moscas"

...Que solía decir mi santa madre (en paz descanse).

El caso es que... buf! tengo un montón de cosas pendientes por hacer, hondonadas de temas para posts pendientes, el curso de formación continua, el curro, ordenar la casa, partirle la jeta brutalmente a ese "compañero" de trabajo que es un imbecil total y está todo el día tocando las narices...

Pero cuando he leido la convocatoria de Su Marcianidad para el día 15 del presente mes... Hum! ... ¡No me he podido resistir!

Así que el día 15 tendréis aquí mi especial "Cómics y culos". Como os podeis imaginar, es un buen tema hablar desinhibidamente de tebeos, desbarrar un ratico y para salirse por los cerros de Úbeda.

Nos vemos. Cómics. Culos. El día 15: Gran Día del Culo Comiquero

Saturday, September 01, 2007

Princesas

English abstract: My niece wants to be a Disney princess. Help!

Esta mañana he quedado con mi hermana y mi sobrina de cuatro años en la cafetería.

Le he lanzado una mirada de preocupación a mi hermana cuando he visto el entusiasmo con el que mi sobri se miraba una revista de "princesas Disney" que mi hermana le acababa de comprar. Tampoco es el tipo de publicación que le entusiasme a mi hermana: ambas lo consideramos un panfleto de formación para fifi-cursis. Pero también somos conscientes de que cualquier intento de reprimir tal afición podría tener efectos contraproducentes... ¿Cuantas veces no me habrán dicho a mí: "como te puedes leer esa basura de tebeos"? Y aquí me teneis, leyendo comics durante años con auténtica pasión después de tantos años.

Así que mi hermana y yo nos resignamos a que la nena tenga sus aficiones, aunque ello deshonre la vena gamberra que yo y mis hermanos llevamos como un blasón. Aunque nos preocupa que si sigue así, se llevará todo un disgusto cuando descubra que los príncipes azules no existen

Por ello, estoy planificando sibilinas tácticas para neutralizar la insidiosa propaganda monárquico-fifi-cursi con la que Disney envenena los tiernos cerebros de las niñas: así que de cara a un futuro cumpleaños de mi sobrina, miraré si hay disponible una edición en DVD de las aventuras de Pippi Langstrump, reina de los piratas, princesa de Takatuka, señora de Villa Kunterbunt y azote de cursis.

Saturday, June 02, 2007

No me puedo resistir...

Hoy he cumplido 41 tacos y lo he celebrado con una comida familiar.

Me han explicado dos chistes que me han tenido riendo un buen rato, y que, como gamberra de tomo y lomo que soy, no me puedo resistir a reproducir.

Item 1
Tipo 1: "oye, ¿a tí te gustan las mujeres con muchas tetas?"
Tipo 2: "uy, no sé, con más de dos me darían un poco de asco"

Item 2
Paqui: "Juani, he de decírtelo...¡ tu marido te pone los cuernos!"
Juani: "!!??... ¿él? no puede ser...pero, ¿con quien?"
Paqui: "Pues con la Pepi, la Loli, la Conchi, la Nuri, la ..."
Juani: "¡Dios mío, que verguenza! ¡¡Con lo mal que folla!!"

Friday, July 28, 2006

Coplilla tradicional

Me voy a hacer un rosario
con tus dientes de marfil

(...)
por que 'e haf hefo un rofario
con mif 'ientef de marfil
 
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