Friday, March 04, 2011

Dime que me lo tendrás el viernes (aunque sea mentira)


He trabajado muchos años en gráficas, y siempre que un trabajo ha dependido enteramente de mí, hay una cosa para la que siempre he marcado una raya la cual no permito que nadie traspase: El cumplimiento de los plazos.

Normalmente (y ello "gracias" a profesionales de las gráficas muy poco profesionales), los plazos los da un comercial que suele ser horrorosamente ajeno al proceso de producción, con lo cual se promete por lo más sagrado que estará anteayer un trabajo que, entregado correctamente por el cliente, necesita cuatro o cinco días, o tal vez más, desde que el susodicho trabajo se entrega hasta que está impreso y debidamente manipulado. Como "anteayer" es un plazo imposible de cumplir, obviamente se generan malos rollos entre cliente y empresa, y ya no digamos entre los sufridos trabajadores que han de completar la faena en un plazo inhumano: y el problema es que por mucho que le grites a la olla, las patatas no se van a cocer más rápido.

Las nuevas tecnologías permiten acelerar todos los procesos, pero para cumplir con los plazos de entrega que dan algunos comerciales y jefes para "quedar bien con el cliente" no hace falta una tecnología más eficaz, sino una máquina del tiempo.

Siempre que el tema de plazos ha dependido de mí y no del comercial de turno, mi proceder el siguiente: Calculo el tiempo que me llevará hacer el trabajo, y le añado algo más de tiempo por si acaso, luego pregunto al resto de gente responsables del proceso (Quien pertoque: fotógrafo/a, técnico/a de preimpresión, impresor/a, serigrafista, plastificador/a, encuadernador/a, etc...) el plazo necesario para realizar el trabajo. Si me dicen que necesitan 6 días, yo le añado un día más.

Entonces hablo con el cliente y le digo que si el quiere tener un cartel para el día 27, yo necesito tener la maqueta definitiva *con su visto bueno* (eso quiere decir *firmado* por él) el día 20. El resultado es que, si no hay imprevistos, el cartel estará perfectamente el día 26, e incluso si el resto de gente participante en el proceso ha estado ágil, posiblemente el trabajo esté el día 25, con lo cual podemos llamar al cliente un par de días antes de lo previsto y quedar estupendamente con él para mutua satisfacción de ambos: él tiene su encargo en el plazo acordado, y nosotros trabajamos dentro de unos márgenes humanos.

Lo que vengo a decir es que para quedar bien con un cliente, es esencial trabajar con plazos realistas, respetar la planificación programada y el trabajo de la gente, y estar dispuesto a hacer un poco de pedagogía: muchos clientes exigen plazos imposibles por ignorancia, pero si te tomas la molestia de explicarles un poquito en que consiste el proceso necesario para realizar el trabajo, y de hacerle ver que él será el primer beneficiado de que se realice al ritmo que requiere, la mayoría de los clientes de mente pensante preferirán un trabajo bien hecho a un trabajo chapucero hecho mal y con prisas.

El problema es que vivimos donde vivimos y la mala planificación y el pensamiento cortoplacista (verbigracia, cuando los plazos los establece el comercial, que a menudo no tiene ni idea) suelen ser la norma y no la excepción: De hecho, en la mayoría de lugares en los que he trabajado, era costumbre dejar para el último momento los trabajos de los clientes que habían traido su encargo con un buen margen de tiempo, colando enmedio a todos los que traían su encargo deprisa, corriendo y mal hecho y mal explicado, con lo cual se conseguía el nada deseable resultado de fidelizar a los malos clientes y mosquear a los buenos.

Podría extenderme, pero me limitaré a añadir que allá donde he trabajado me ha costado más de un disgusto (laboral) intentar convencer a jefes, comerciales y compañeros de las ventajas de hacer pedagogía con el cliente y trabajar de acuerdo con un planning, y acababa siendo marginada en favor de los especialistas en decir siempre a todo que sí aunque luego sea que no: "¿Que lo quiere anteayer? ¡Pues para antes de anteayer se lo tendremos!"

Evidentemente, si yo soy partidaria de respetar mi plazos en mi ambiente profesional, también lo soy para respetar los plazos de los demás en otros sectores... El problema es cuando yo no obligo a que las cosas estén en un plazo concreto y no me las tienen cuando ellos me lo dicen, y explicaré un par de historias que he sufrido a modo de ejemplo:

1) Me compré un camisa en una tienda: Buena marca y buen material. Como soy una mujer de medidas amplias, me suele pasar que lo que me va bien de ancho me va mal de largo, así que como la misma casa hacía arreglos, pues me tomaron las medidas y me dijeron que lo pasara a buscar en una semana. Y yo que paso al cabo de una semana y que no me lo tienen, que me dicen que han tenido mucho trabajo y que no me lo han podido hacer. Pues que cuando me lo podeis tener. Pues pásate en dos semanas. A las dos semanas tampoco me lo tienen...

Y así pasaron semanas y cada vez la explicación de las dependientas y el modisto eran más desopilantes: de ser cierto lo que me explicaban, la vida del modisto era una sucesión de tragedias irreparables digna de un culebrón... Tragedias que siempre -ya es casualidad- impedían acometer el arreglo de mi blusa, leñe.

Para no alargarme, diré que el pu... ñetero bajo de la blusa no me lo tuvieron en dos meses, momento en el que opté por llevarme la blusa y llevarla a arreglar a una modista de mi barrio, que me lo tuvo en los tres días en los que ella me dijo que la tendría. Resultado, Tienda de Marca, 0, Modista de Barrio, 1.

Al cabo de no mucho tiempo me enteré que la tienda había cerrado, y eso que vendían un producto bonito y de bastante calidad. Sospecho que no fui la única de sus clientes a quien le fallaban en los plazos y le explicaban películas. Lástima.

2) Pasé por delante de una tintorería nueva en el barrio. Yo suelo llevar la ropa a la tintorería-de-toda-la-vida, pero en esta, además del servicio habitual, hacían arreglos de ropa. Yo tenía un par de pantalones que parchear y les pregunté si me lo podían hacer allá. No hay problema, lo tendrá la semana que viene.

Si, lo adivinásteis, no estuvieron "la semana que viene", que se habían despistado de llevarlo a la señora que hacía los arreglos... Tras tres incursiones más, uno de los pantalones me lo arreglaron, el otro no por que se volvieron a olvidar de llevarlo (por tercera vez).

Como podeis adivinar, ya no me vieron más, de hecho, dio la casualidad que pasé por delante de una tienda de ropa en la que también hacían arreglos, y allí llevé a parchear el otro pantalón. Pues resulta que allá trabajaba la misma señora a la cual las chicas de la tintorería le llevaban los arreglos: estaba cosido de manera idéntica.

La diferencia es que en esta ocasión, me lo tuvieron en los dos dias que me dieron de plazo e incluso me lo cobraron, claro, más barato que la tintorería: lo que es ahorrarse un intermediario.

(Juego de deducción recreativo: Adivinen si desde entonces llevo los arreglos a la tintorería o a la tienda de ropa).

Para entendernos, y por poner un paralelismo, las mujeres podemos aguantar a novios chungos, pero al segundo o tercer plantón lo más posible es que borremos el número del novio chungo de la agenda y tararí que te ví.

Todo esto viene a cuento de que ahora mismo me encuentro en una situación que me temo (aunque espero que no sea así) que me vuelva a pasar lo mismo: Un establecimiento al cual ya he ido dos veces a recoger un encargo en el día en el que me habían dicho que lo tendrían, la primera vez por un error de medidas por parte de ellos, y la segunda porque debido al carnaval han tenido una avalancha de trabajo urgente y no han podido acabar lo mío.

Solo quiero decirles una cosa, y les juro que lo digo con todo el cariño y el mejor buen rollo del mundo: Yo he pagado una buena parte del importe del encargo por adelantado, me he atenido religiosamente a las fechas que me han dado, e incluso les indiqué que como el encargo no me era urgente que podían darme Vdes. la fecha de entrega que más les conviniera. Imagino que esta avalancha de carnaval ha sido de clientes que, al igual de los que yo he sufrido en la imprenta, han traido su encargo a ultimísima hora (más que nada, porque estoy segura de que Vdes. han planificado bien el trabajo y ya habían tenido en cuenta que en carnaval tendrían algo más de trabajo del habitual) y que se han "colado" por delante de mi encargo.

Piensen que una clienta como yo, cumplidora en el pago, acostumbrada a encargar las cosas con un margen de tiempo razonable y sin urgencias, es preferible a aquellos/as que se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena, para stress de Vdes. y el personal a su cargo. Entiéndanme que tengo cierto derecho a estar ligeramente mosqueada por haberme pasado dos veces por la tienda sin poderme llevar el encargo: Y recuerden que una buena clienta satisfecha no sólo repite como clienta (más tarde o más temprano), sino que os puede recomendar a todos sus amigos (y a las amigas no digamos)... y cuanto más entusiasmo tenga esa recomendación, mejor. En serio, que me gusta mucho lo que hacéis.

Y, oigan si de verdad tienen más trabajo del que pueden asumir para cumplir con los plazos previstos, pues mírenle el lado bueno: eso es que tienen mucho trabajo y el negocio va bien, lo cual en los tiempos que corren no esta nada, pero que nada mal... ¿Se han planteado contratar a más personal para cubrir la demanda? Piensen en la cantidad de gente en el paro y con ganas de trabajar que hay ahora mismo.

4 comentarios:

David said...

No mucho que añadir. Bueno, que así funciona todo.
Te podría contar otra de otro tipo pero de alguna forma relacionada.
Pido un libro de Toth a un librero de otra ciudad. "Yo me voy a Bilbo, ¿me lo puedes enviar por correo?" "Sin problema". Llámame en x que ya habrá llegado.
Llamo y para cuando llega. "Esta semana te lo mando, que he andado muy liado". Pero así, semana tras semana conel libro de Alex Toth, que él decía que lo tenía en la tienda, pero que no me lo podía mandar por correos porque andaba liado. Sinceramente creo que no lo tenía (es decir, no le había llegado de los USA, eso estaba agotado) y él tío diciéndome que sí no sé muy bien por qué... así duró la cosa no sé si un mes o dos hasta que ya de malas maneras le dije que se lo quedara.
En fin.

Gloria said...

Arhg! Libros encargados... Ay, yo también lo he sufrido también...

Yo creo que tu librero te daba largas por no "perderte", quizá no se dió cuenta que dándote largas era mucho peor el remedio que la enfermedad: a veces la gente se encierra en una manera de pensar y no es capaz de plantearse las cosas de otra manera.

En mi caso el sufrimiento de buscar publicaciones extranjeras se alivió muchísimo gracias a internet, que va de fábula para encontrar cosas "difíciles" o "descatalogadas", ahorrándome un intermediario.

No recuerdo si te lo he comentado alguna vez, pero te recomiendo las siguientes páginas:
- Novedades en inglés, sin costes de envío Bookdepository.co.uk, o bookdepository.com (siempre recomiendo mirar en las dos: segun esté el cambio del dólar y la libra esterlina, puede salir más a cuenta encargar en una o en otra).

- Para cosas nuevas, de segunda mano y aparentemente descatalogadísimas: bookfinder.com (es un metabuscador que te mira TODO lo que se vende en libros en Abebooks, Amazon y muchos más)

Una vez pasado el primer cabreo (pero cabreo de olla a presión silbando, ja), la verdad es que ya estoy más descansada: incluso recibí una llamada de la tienda en la que se disculpaban y me daban una nueva fecha de recogida... Por si acaso, llamaré antes de pasarme (mujer prevenida, etc, etc...)

La verdad es que me hago cargo que a veces las cosas se acumulan y que hay imponderables, pero para remediar al menos una parte de esos imponderables, no hay nada mejor que planificar las cosas y havcerlo con *margen de más* y no con *margen de menos*: Un cliente irse una vez de vacío, pero a la segunda corres el riesgo de perderlo, y los clientes tenemos la responsabilidad de hacer pedagogía con ellos.

Nesx said...

Pa abernos matao...XDDD

Té la mà Maria - Reus said...
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